ROPA INTERIOR 1868-1890

Polisón y puf. La polonesa se arrebujaba a la espalda sobre un cesto oculto debajo de ella denominado en España “polisón” y en Francia “tournure”; a su vez, el arrollado –otras veces, una gruesa lazada– sobre el polisón se denominaba “puf”. El polisón, en definitiva, constituía la infraestructura que generaba la silueta característica de los estilos inicial y último del período que nos ocupa: (1869-1874) y (1884-1889).
El período romántico finalizaba en 1868 con la supresión de los miriñaques y crinolinas. Durante los dos años siguientes, las revistas de moda no promocionaron enaguas armadas, pero ya en 1870 aparecieron unas faldillas interiores relativamente rígidas que conferían bulto a las caderas:
“Los adversarios de los ahuecadores de muelles de acero han obtenido una pequeña ventaja, muy ligera ciertamente. Respecto a los vestidos de baile, las maravillosas suprimen este ahuecador los remplazan con tres o cuatro enaguas de muselina rígida; su paño de detrás va ligeramente cubierto de volantes desde la cintura al borde inferior”[i].
Paulatinamente las nuevas enaguas cortas comenzaron a denominarse “polisones”. En la cita siguiente se enumeran algunas variantes de esta infraestructura:
“La forma de echar atrás el pouf depende en gran medida de los polisones (...) Las señoras algo gruesas adoptan el polisón de cerda, que deja libres las caderas, y se compone de dos o tres volantes superpuestos fruncidos, bajo los cuales se ponen unos muelles que estrechan o ensanchan por medio de una jareta. Para las delgadas, el ahuecador jaula es preferible: se le hace de tul grueso, con muelles cubiertos por cintas de percal”[ii].
Los visitantes de los museos, cuando se topan con esta silueta, tuercen el gesto y la comentan irónicamente. Hoy se admiran los trajes más antiguos y los más recientes, pero no he conocido a nadie que tenga buenas palabras para la indumentaria tapicera por culpa precisamente del polisón. Claro, no existe otra moda tan enfrentada al canon femenino actual de belleza filiforme; las mujeres que mantienen a raya el crecimiento de los glúteos seguramente juzgarán el polisón como un adefesio.
Es de justicia reseñar que nuestras antepasadas también abrigaban ciertas dudas acerca del favor otorgado a su figura por semejante adminículo. Traemos ahora una cita muy curiosa donde Castelfido es interpelada sobre el combinado polisón-puf:
“Varias de mis amables lectoras se manifiestan tan hastiadas de los puffs y polisones que, por caridad, voy a levantar para ellas una punta del velo todavía corrido de las modas nuevas. El puff espira (...) Las damas a la moda llevarán la primavera entrante vestidos sin puffs ni aldetas (sic.) Por el momento se reducen los puffs, se les disminuye, y en lugar de forrarlos con una segunda falda, se les da forma muy modestamente con la parte superior de la única falda, que se corta un poco más larga con este objeto”[iii].
Pero se equivoca de medio a medio y dos meses después se retracta[iv].

Corsés. La donosura del talle y aún la altivez de la espalda se confiaban a la constricción de un emballenado jubón interno. El corsé tapicero prolonga el éxito del romántico. La estrechez de la cintura, así como su profundidad, variable en cada década, son reflejos de su presión. Las españolas acaudaladas encargaban los corsés a lencerías parisinas. En España obtuvo notoriedad un corsé-faja de fabricación inventado por un tal Víctor Zugasti. La Moda Elegante lo menciona con tantos elogios que casi dan ganas de vestirlo:
“Nadie duda en Madrid que el corsé-faja merece ocupar un lugar preferente entre las invenciones encaminadas a conservar la estrechez del talle (...) Su inventor, Víctor Zugasti, obtuvo un premio merecido de la ex-reina doña Isabel, y su actual expendedora, doña Julia A. de Zugasti, ha llegado a reunir una clientela tan numerosa como distinguida”[v].
¿Que les parece poco? ¿Y si les digo que se consagró en el Imperio?:
“Doña Julia de Zugasti, directora de esta fábrica, acaba de ser premiada en la Exposición Universal de Viena con la medalla del Mérito, siendo esta la tercera Exposición en que dicha casa ha exhibido sus muestras, y la tercera vez que ha sido premiada, sin que se sepa por la prensa ni por ninguno de los medios de publicidad conocidos, que haya aparecido nunca premiada ninguna otra corsetera de España”[vi].


[i] Raymond, Emmeline. LME, nº. 2, 14/1/1870, p. 16.
[ii] Castelfido, Vizcondesa de.  LME, nº. 1, 6/1/1874, p. 7.
[iii] Ídem, nº. 8, 28/2/1873, p. 64.
[iv] Ídem, nº. 13, 6/4/1873, p. 102.
[v] Lelia. LME, nº. 27, 22/7/1870, p. 216.
[vi] Anuncio. LME, nº. 36, 30/9/1873, p. 292.
[vii] Castelfido, Vizcondesa de.  LME, nº. 2, 14/1/1878, p. 15.



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