04. Antigüedad (III). El traje drapeado: Egipto, Grecia y Roma


4.1. El traje egipcio constituye el prototipo del traje mediterráneo antiguo: combinación de mantos, faldas y túnicas pendientes o anudadas en torno al cuerpo; prendas de vestir carentes de labor costura.
Los egipcios cultivaban el lino, material idóneo por su frescura para una región tan cálida, y aceptaron su naturaleza arrugadiza; en efecto, el atractivo de sus ropas reside en el plisado abundante y la composición envolvente.
Los humildes trabajaban descalzos y semidesnudos. Como el pudor antiguo revestía un carácter social más que sexual, las mujeres del pueblo no se ruborizaban al mostrar el pecho desnudo. La prenda fundamental y común para ambos sexos era la falda o pampanilla anudada a la cadera (shenti), todavía esencial entre los pueblos del sudeste asiático, donde recibe nombres tan diversos como dhoti (La India), sarong (Malasia) o sampot (Camboya). Las mujeres egipcias disponían también de una suerte de falda con tirantes, de corte muy cercano al de nuestros delantales pero con anchos tirantes que permitían contener los senos.
La exhibición de riqueza exigía un vestuario apenas más complejo. Entonces el shenti se confeccionaba con lino más fino y plisado, incluso traslúcido, y podía combinarse con una muy amplia prenda de vestir, de corte aún desconocido (¿como una túnica, como una gran casulla?), que se vestía anudada a la cadera por medio de un echarpe. Algunos libros denominan a esta prenda “vestido de dignidad” porque suele aparecer en las representaciones de la familia real.
Observadores de la higiene, los egipcios se rapaban la cabeza, y para protegerla del sol empleaban cofias; la más característica es el klaft, la cofia típica de los faraones representada a tamaño colosal en la Esfinge de Giza. Para ocasiones de relieve social se tocaban con grandes pelucas, casi siempre más largas para las mujeres que para los hombres, y con frecuencia coronadas por incensarios que perfumaban el ambiente.
Perfumes, afeites y maquillaje eran producidos y exportados en abundancia desde Egipto hacia Mesopotamia. El kool y la henna constituían la base de los colorantes cosméticos; hombres y mujeres orlaban la almendra ocular con un trazo oscuro y lucían anchos torques multicolores sobre el pecho.

1. Rameses IV: coselete y falda.


2. Tumba de Memna.


3. Tumba de Memna.
4. Nefertiti y Ajenatón.
Louvre.


5. Hathor y Seti I.









IMÁGENES
1. Rameses IV como aparece en Medinet Habu (siglo XIII AEC) vestido con la falda plisada de los faraones, constatada desde el IV milenio, así como una especie de coselete o banda de pecho. La cabeza se cubre siempre con peluca.  
2. Vestido o túnica estrecha. Pintura de la tumna de Memna (Tebas, siglo XV AEC).
3. De la misma tumba, pintura representando a un señor y distintos trabajadores agrícolas. El traje del señor es equivalente al de la joven de la figura 2, o una túnica con un hombro desnudo. Viste igualmente peluca, aunque más corta que las femeninas.
4. Nefertiti con "vestido de honor" finamente plisado y su esposo el rey Ajenatón con falda del mismo material y bulbosa corona.  Los collares (quizás el término adecuado sea "torques") anchos y coloridos constituyen, en mi opinión, el gran icono del traje africano nororiental, todavía visible entre los masai. 
5. La diosa Hathor con el faraón Seti I, relieve conservado en el Louvre. La diosa parece ataviada con un vestido bordado (la decoración superficial del tejido es rara en Egipto). El rey, bajo un "vestido de dignidad" traslúcido, nos muestra su falda plisada y el cinturón-echarpe. 
A 
4.2. El traje clásico se inaugura a mediados del siglo VI AEC, cuando la indumentaria griega abandona definitivamente la influencias del traje minoico y mesopotámico, todavía visibles en la falda acampanada y decoración abigarrada de la Dama de Auxerre (véase capítulo 1B), y asimila el drapeado egipcio como estética fundamental de su indumentaria.
Desde el siglo V AEC el traje grecolatino se limitó a un sistema combinatorio de túnicas y mantos donde cada prenda de vestir carecía de forma por sí misma, pues se trataba de rectángulos de tejido tal como salían del telar y sostenidos al cuerpo por broches, cinturones o su propio replegado; o bien, como mucho, algunos puntos de costura, pero siempre tan escasos que no existen en los textos antiguos alusiones a profesionales del tipo sastre o costurero. Lógicamente, un atuendo de tales características no precisaba de dichos artesanos sino de una cierta pericia, inculcada desde la infancia, para colocar las telas sobre el cuerpo.
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4.2.1. GRECIA
No se tiene noticia de prendas interiores en Grecia.
La túnica de los humildes se denomina exomide porque deja al descubierto un hombro; se trata de un simple rectángulo de tejido anudado sobre el hombro izquierdo de modo que el brazo derecho disponga de toda la movilidad que precisa el trabajo (salvo en el caso de los zurdos) y con el vuelo recogido por medio de un cinturón.
Mayor categoría revelan las túnicas llamadas peplo y jitón ("chitón" y "kitón" en otros libros). La primera se confeccionaba con tejido de lana y se relaciona con las mujeres. Túnica talar, consistía igualmente en un rectángulo de tejido doblado por la mitad y sujeto a los hombros con fíbulas y al talle con cinturón. Una estudiada colocación sobre el cuerpo producía hermosos efectos ablusados. Por su parte el jitón se relaciona con la túnica de lino, más ligera y adecuada para los meses de calor, procedente de las tierras de la Jonia, antigua Anatolia y hoy Turquía. No podemos hablar con certeza de túnicas masculinas o femeninas, salvo en el largo: talares para ellas, hasta la rodilla para ellos.
Sobre la túnica el único tipo manto de que disponían los ciudadanos era el himation, manto diagonal de la familia del chal mesopotámico. La dignidad militar se distinguía con la clámide, la capa del caballero.
Los griegos rara vez se tocaban salvo para evitar el sol ("pétaso", sombrero con ala) y solo se calzaban dentro de casa.
Con todo lo más sorprendente del traje griego no es el vestido, sino que el desnudom en particular el masculino, pues alcanzó entre ellos la consideración de “traje nacional”. Auspiciado por la alta consideración de que gozaba la belleza masculina, el desnudo suponía para los griegos, además, un signo de civilización que oponían al pudor de sus vecinos y enemigos, los persas. 

IMÁGENES
6. Mercurio (con jitón y clámide), Eudídice (peplo) y Orfeo (jitón y clámide) en una estela del siglo V AEC (Louvre) exhiben la belleza del drapeado clásico.
7. Dibujo de Carl Heinrich Stratz (1856) mostrando la colocación del jitón.
8. El orador Demóstenes retratado por Poliucto en el siglo III AEC (Gliptoteca de Copenhague) luciendo un palio o himation, manto fundamental de los griegos y de aquellos romanos particularmente amantes de lo griego, así como profesores, sabios, filósofos y dioses.
 
7. Jitón

 
6. Mercurio, Euridice, Orfeo.







 
8. Demóstenes con palio.


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4.2.2. ROMA
Los romanos, poseedores de un vasto imperio bien comunicado, legan para la Historia una cultura de síntesis que combina rasgos mediterráneos, nórdicos y orientales. No obstante, como el arte helenístico era el que gozaba de mayor prestigio entre nuestros antepasados latinos, también el vestir romano se relaciona mayormente con el griego que con el de sus vecinos bárbaros.
El guardarropa de los romanos pudientes ha crecido considerablemente comparado con el griego. La ropa interior, aunque muy simple, meras fajas de tejido que sujetan el pecho o protegen el sexo, dio lugar a un número sorprendente de términos: mamillare y fascia pectoralis (literalmente, faja de pecho), licinium (calzoncillo), interula y subligaculum (túnicas interiores, predecesoras de las camisas). Las túnicas son igualmente diversas, aunque siempre más cortas para el hombre que para la mujer. Ésta, cuando se trata de una verdadera dama, se caracteriza por los tirantes que rodean el cuello (stola con institae). Los mantos romanos son todos parientes de los griegos: el himation se denomina palio (palla para las mujeres) y la clámide, paludamento o sagum.   
Con todo, el manto más famoso de los romanos, y quizás de todos los tiempos, era la toga, símbolo de la ciudadanía masculina. Inmenso y pesado chal, siempre de lana y blanco, daba trabajo al gremio más próspero de las ciudades romanas: el gremio de los lavanderos de togas, que las blanqueaban con orines y otros productos repelentes.  La toga era forzosa vestirla con la ayuda de una mujer o un esclavo y las estatuas de los emperadores servían de modelo para ajustarla con propiedad. No obstante, a partir del siglo III EC comienza su declive a favor de una toga menos pesada y ajustada al torso con un procedimiento aún desconocido (toga contabulata), y más aún del palio griego, de lejos mucho más ligero y manejable.
En los siglos finales del Imperio el traje romano revela un estilo sincrético, mezcla de caracteres mediterráneos y bárbaros. Paulatinamente se han ido adoptando numerosas prendas extraídas de las provincias: los pantalones (femoralia, feminalia, tibialia, braccae), la túnica de mangas largas (dalmática), el manto tipo poncho pero abierto por los flancos y con capucha (paenula) y el manto tipo poncho cerrado (casula, luego la casulla esclesiástica).
No se asumió el cabello largo de los bárbaros del norte, pero la barba y el bigote regresaron después del siglo II EC. Durante la República las mujeres romanas se peinaban afectando modestia con un moño en la parte posterior del cogote. En la época imperial, sin embargo, los arreglos peluqueros alcanzaron una complejidad inusitada y el peinado se convirtió en el elemento del traje latino más sometido a la volubilidad de la moda.


9. Dama vestida con peplo ampliamente ablusado y el manto diagonal o palio. Siglo I EC, Museo del Prado.
10. Tiberio con amplia toga, distintivo del ciudadano romano, como se vestía en los siglos I y II de la Era Común. Siglo I EC, Museos Vaticanos.
11. Díptico de Probiano, donde un masgitrado viste toga contabulata ("toga con tabla", reducción de la vieja toga, moda de los siglos III a V de nuestra era). Los amanuenses lucen casullas, seguramente manto de origen bárbaro. Hacia el año 400, Museo Estatal de Berlín. 
12. Retrato mortuorio. En Grecia y la Roma republicana las mujeres se peinaban discretamente con pequeños moños o rizos. Siglo II, Museo Getty.
13. Durante el Imperio, sin embargo, estuvieron de moda los peinados voluminosos e incluso las pelucas de formas escultóricas. Siglo I, Museo de Estambul.   

9. Prado.




10. Tiberio con toga.



11. Casullas y toga contabulata.
 
12. Museo Getty.


13. Museo de Estambul.




















4.2.3. TRAJE RITUAL EN ROMA
Adultez. En Roma, mediante una dedicatoria, las jóvenes consagraban a la diosa Virgo (Fortuna Virginalis) las pequeños mantos de la  niñez y eran investidas con la estola de la matrona. Una ceremonia similar para los muchachos consistía en vestir por vez primera la toga viril y la consagración de la primera barba. Esta celebración masculina, conocida ya en Grecia, se denominada depositio barbae.
Boda. La víspera de la celebración, la novia se acostaba con una redecilla y la túnica dicha recta, blanca como los vestidos más primitivos de las griegas. La tradición exigía que tanto la redecilla como la recta hubieran sido tejidas por la propia novia en el antiguo telar vertical. A la cintura, como en nuestros antiguos trajes de comunión, un simple cíngulo de vellón atado con el nudo dicho de Hércules para promover la fertilidad, pues el gran héroe de la mitología llegó a engendrar setenta vástagos. El color blanco estaba asociado en Roma a la pureza, la castidad y los dioses favorables, y simbolizaba la inmadurez sexual. Ya entonces la prenda nupcial más característica de la desposada era el velo: mientras las cristianas se ocultaban con un velo blanco, las novias paganas se celaban tras un velo amarillo anaranjado (flammeum).
Luto. Tanto en Grecia como en Roma, lo decoroso en los trances luctuosos radicaba en vestir la túnica de algún color oscuro y sin cinturón. Los cabellos cortos significaban luto en la mujer. También existía una variedad de toga para los funerales, la pulla o sordidata, de color oscuro y que caracterizaba también a los reos.
Sacrificios. Prácticamente no existen prendas específicas de uso religioso, especialmente en Grecia. En Roma los sacerdotes oraban y ejecutaban los sacrificios con la cabeza velada por un pliegue de la toga. Algunos auxiliares de los sacerdotes se tocaban con un alto gorro cónico; acaso no resulte aventurado atribuirle el origen de la mitra episcopal. Las vestales se cubrían con un amictus blanco que permitía ocultar la cabeza, de nombre suffibulum.

IMÁGENES
14. Pintura romana conservada en la Biblioteca del Vaticano. Representa seguramente a una joven novia, muy asustada. Es extraño que vista un velo blanco, propio de cristianas, mientras que las paganas usaban el velo anaranjado.
15. Marco Aurelio (estela extraida de su arco, Museos Vaticanos, siglo II EC) con una onda de la toga cubriéndole el cabello, es decir, ataviado como sumo pontífice.
14. Bodas Aldobrandinas (Vaticano).



15. Marco Aurelio en un sacrificio.


4.3.  El traje bárbaro en la época romana    
Hemos de distinguir entre los bárbaros del norte, los bárbaros propiamente dichos, y los orientales. Por la rudeza de su cultura material y no en menor medida por su talante indómito, los primeros inspiraban repugnancia a los exquisitos grecolatinos. Los segundos, por el contrario, heredaban una cultura del adorno barroca y refinada que lograba seducir.
Bárbaros del norte: Los grecolatinos asociaban al traje de los bárbaros el gusto por las pieles, que ellos nunca usaban salvo para calzado y efectos militares, y particularmente la utilización de pantalones (bracae, feminalia, femoralia), una prenda antropomorfa, contraria a la tradición mediterránea del traje abstracto. El contacto con lo bárbaro a través de las conquistas, y su importación a la metrópoli especialmente por los comitatenses, los soldados que acompañaban al emperador en sus desplazamientos, generó una minoritaria moda esnob y surgieron diversas pragmáticas para limitar el uso de pieles, pantalones y unas botas blandas denominadas zanchae. Esta legislación la ha estudiado José Luis Murga y opina que el objeto de estas pragmáticas tardías fue simplemente el de contentar a los conservadores.
Extranjeros de oriente: anaxyrides. Primero Alejandro Magno y después los generales romanos asimilaron los distintos territorios de Siria y Mesopotamia constituyendo las provincias orientales. La cultura grecolatina se constata en ciudades tan lejanas como Palmira, Dura Europos y Hatra. No obstante, en ningún caso estas invasiones consiguieron aniquilar los fundamentos indumentarios de la civilización parta; los orientales continuaron demostrando una afición por el artificio y el lujo, manifestación de un pueblo especialmente hábil en el bordado y el color. Una dama de Palmira, por ejemplo, sabía combinar el cortinaje de la estola y la palla con pesados brazaletes y collares, y tocarse con las voluminosas coronas que más tarde legarían al estilo hiperdecorativo de la corte bizantina. Además del gusto por la decoración recargada, se mantuvieron vigentes los pantalones anchos orientales (anaxyrides), como puede verse en el famoso fresco de la sinagoga de Dura Europos, combinados con caftán (fig. 16).
16. Sinagoga de Dura Europos, siglo III EC.
17. Soldados con pantalones, columna de Trajano, siglo II EC.

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