10. Edad Media (IV): Borgoña, siglo XV



EL TRAJE EN EL DUCADO DE BORGOÑA (1375-1475)

Países Bajos y Flandes (que incluía las poderosas ciudades de Ypres, Brujas, Gante y el puerto de Amberes) y el ducado de Borgoña, hoy territorio francés, se reunieron en la centuria final de la Baja Edad Media para deslumbrar al mundo con su sentido del lujo y la elegancia. 
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1375-1425
Hombres     En el cambio hacia el siglo XV destacan una prenda por encima de todas las demás: la hopa u hopalanda, un sayón, es decir, una gran saya o túnica muy larga. Abundosa de tejido de excelente calidad, desbordaba generosamente a su vestidor: cuello alto y a menudo tieso, mangas desbocadas, forros ricos y orillos de piel, falda ancha y a veces arrastrada. Con una hopalanda apenas se puede lucir una segunda prenda: el tocado, que para los hombres suele ser alto,  a modo de pieza estructurada y cubierta de lienzos (capirote) o bien un bonete cilíndrico. El peinado a la escudilla, cortado en redondo y con forma de plato boca abajo, fue el favorito de los hombres durante casi cien años, hasta las melenas de 1475-80.
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Mujeres     La saya de mejor aspecto o más rica recibe el nombre de la que fuera una saya interior, el brial. Luce cuerpo muy ajustado (imitando los jubones masculinos, parece que también las mujeres estofaban sus sayas y gonelas) y de escote redondo, falda de vuelo y cola. Hasta bien avanzado el siglo XV, algunas damas de alcurnia se revisten con un surcot guarnecido de piel, a todas luces una prenda similar al pellote castellano del siglo XIII y principios del XIV, ahora reservado exclusivamente a las mujeres. La moda del vientre prominente es común a todo el siglo XV. Los tocados de cuernos permiten a la mujer competir con los capirotes masculinos.

1. Manuscrito fr. 73, fol. 163, Biblioteca Nacional de Francia.
1.  Damas luciendo sus sayas de larguísimas mangas (terminadas casi en mitones) y tocados diversos: tocas blancas, rollo, corona. La dama principal muestra un surcot o pellote forrado de piel de armiño. Caballeros muy abrigados en sus hopalandas le entregan un manuscrito. 

2. La obra maestra de la iluminación de códices manuscritos sobre pergamino: Las muy ricas horas de Jean de Berry (hacia 1420) despliega los fastos de la corte más libre en el vestir que se recuerde. Unos y otras exhiben sus imponentes hopalandas bordadas (azul, rosa, negro, gris) y dos de las damas briales escotados. El capirote es el sombrero más difundido, salvo para el caballero que luce un alto bonete.
2. Las muy ricas horas...

3. Pierre Salmon discutiendo con Carlos VI. Otra exhibición de hopalandas.








3. Pierre Salmon, Dialogues, Ginebra, ms. 165, fol. 4.





1425-1475
Hombres     La desaparición de la hopalanda expresa una transformación del ideal de belleza masculina, más próximo al que todavía compartimos la mayoría de los hombres: traje sin falda, ropas ajustadas que trasluzcan la fortaleza de las piernas y los brazos, y ropas de torso que incrementen la anchura de la espalda. Esta manera de vestir ya la conocían los humildes, pero no en la corte, donde la hopalanda ejercía labores de representación del lujo personal.
Sin hopalandas, podemos contemplar el dibujo de las piernas gracias a las calzas enteras (y a menudo soladas, o sea, con suelas y extraordinariamente puntiagudas) y con frecuencia el cuello y las mangas del jubón estofado (relleno de estofa o tejido para atiesarlo). Sobre él las túnicas que pueden vestirse son las siguientes: la jaqueta o sayuelo es tan corta como nuestras chaquetas; la saya alcanza las rodillas, y frecuente que presente hendiduras en los flancos para facilitar la cabalgadura; por fin, el sayón, equivaldría a la vieja hopalanda, aunque no se estilaba tan amplia.
El remate de cabeza lo ponen los capirotes (a menudo con una tira de tejido que se llama chía o beca), los bonetes (troncocónicos), los sombreros (bonetes con vueltas o alas) y las carmeñolas (gorras o bonetes sin copa).
Los pies se visten con borceguíes (botas de piel blanda y confortable, muy caras) y zapatos, aislados del suelo por medio de zuecos (galochas, alcorques).  
4. Novela de la Violeta.


 4 y 5. El nuevo estilo ampliamente expresado en dos miniaturas del Roman de la Violette. Los caballeros exhiben piernas y, por vez primeram caderas y bragueta; la cintura se mantiene baja y en la cabeza han crecido melenas. Las jaquetas son muy cortas y ampulosas de hombros, los pliegues perfectamente regulares en el torso. Se ven mangas abiertas longitudinalmente, acaso maneras para extraer los brazos, quizás las primeras cuchilladas o golpes, adorno característico del Renacimiento. La baja cintura de los hombres contrasta con el ceñidor alto de las mujeres, directamente bajo el pecho.


5. Novela de la Violeta.
6. En la escena Jean Wauquelin presenta su traducción de las Crónicas de Henao a Felipe el Bueno de Borgoña, hacia. 1450 (ilustración incluida en Jacques de Guise, Annales Hannoniae, Biblioteca Real de Bruselas). Caballeros vestidos con sayos hasta las rodillas, espléndidamente bordados y confeccionados con pliegues regulares, moda dicha de Borgoña. Se protegen del suelo por medio de galochas.
6. Jean Wauquelin y Felipe el Bueno.
 
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Mujeres     Escote en V. El tocado de cuernos alterna con un alto bonete cónico (llamado en muchos libros hennin) del que pende un lienzo o velo; no sabemos el origen de semejante palabra, y no parece que su moda se extendiera más allá de Francia, Borgoña y los Países Bajos. Muy raro en Inglaterra, España e Italia. El motivo de alcachofa es el favorito y definitivo de este siglo XV (figura 7).

7. Isabel de Portugal, duquesa de Borgoña, pintada por Rogier van der Weyden hacia 1450 (esta imagen es una copia del Museo Getty, Los Ángeles).
7. Isabel de Portugal.