Capítulo 06: Grecia y Roma en la Antigüedad Clásica

1. Hojas de acanto finamente reproducidas en un capitel
compuesto (Madrid, Oratorio del Caballero de Gracia).
Fotografía de Frikipiedras.
El arte clásico se inaugura a mediados del siglo VI AEC, cuando tanto la figuración narrativa (retratos, escenas) como un buena parte de la decorativa (grutescos, roleos) comienza a emplear sistemáticamente el estilo que en lenguaje académico denominamos naturalista y en lenguaje popular, realista. Se trata del estilo que intenta reproducir los objetos con mayor precisión posible dentro de las posibilidades de cada técnica (por ejemplo, un tapiz rara vez logrará recrear una imagen con detalle fotográfico). El encumbramiento del estilo naturalista con sus adornos ricos en detalles no supuso el abandono del estilo geométrico: esquemáticas grecas, palmetas y olas continuarán adornando frisos, como son geométricos la mayoría de los ornamentos que componen los famosos órdenes decorativos de la arquitectura (dórico, toscano, jónico y corintio; solo el último incorpora hojas de acanto, en principio para ser talladas con estilo naturalista). 
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La indumentaria que estudiamos en este capítulo coincide con el desarrollo de la figuración y decoración clásicas, pero carece de algo que permita calificarla como "clásica", salvo por la coincidencia cronológica y espacial. 
En general, la indumentaria del milenio 500 AEC - 500 EC en Grecia y Roma se compone sobre todo de pedazos más o menos rectangulares de tejido que se enrollan en torno al cuerpo o penden desde él. Debe en consecuencia considerarse el traje grecorromano clásico una prolongación de la indumentaria egipcia.La decoración superficial no existe, o al menos no la refleja la plástica salvo en algunas caracterizaciones teatrales. Los paños yuxtaponen su volumetría y colores. No se emplean tocados salvo en atuendos rituales, principalmente religiosos, ni pelucas 
2. Caballeros con chitones ablusados por medio de dos cinturones y clámides; 
mujer con peplo: Mercurio, Euridice, Orfeo (París, Louvre).

1. Grecia y el Imperio macedónico 

EL VESTIDO     No se tiene noticia de prendas interiores en Grecia.
La túnica de los varones humildes dedicados al trabajo físico se adjetiva a menudo como exomide porque, a fin de mejorar el movimiento del brazo derecho, deja al descubierto el hombro correspondiente. Esta túnica es un simple rectángulo de tejido anudado sobre un hombro y con el vuelo de la falda recogido con un cinturón.
Mayor categoría revelan las túnicas llamadas peplo y chitón (fig. 2). La primera se confeccionaba con tejido de lana y se relaciona con las mujeres.
3. Chitón ajustado bajo el busto, como lo recuperará la moda 
Imperio después de 1800: Afrodita cuidando de Eros 
en una figurilla de Tanagra (Londres, Británico).
Túnica talar, consistía en un rectángulo de tejido doblado por la mitad bajo una axila y cuyas dos mitades pendían de los hombros por medio de fíbulas o unos puntos de postura. Una estudiada colocación sobre el cuerpo producía hermosos efectos ablusados, para los que se empleaban uno o más cinturones ocultos. Por su parte el chitón se relaciona con la túnica de lino, más ligera y adecuada para los meses de calor, procedente de las tierras de la Jonia, antigua Anatolia y hoy Turquía. No está clara la designación sexual del chitón; en general, el chitón largo hasta las rodillas y principalmente de lana sería el preferido de los hombres, y el chitón de lino y siempre talar (hasta los talones), el adjudicado a las mujeres.
4. Demóstenes con palio
(Copenhague, Gliptoteka).
Sobre la túnica, el único tipo manto de que disponía la mujer griega era el himation, manto diagonal, más conocido desde los romanos como palio (fig. 3). Su marido también lo vestía, y algunos hombres como Sócrates y numerosos filósofos a imitación suya, no vestían absolutamente nada más: manta en la cama, devenía manto sobre el cuerpo (fig. 4). Sin embargo, no lo usaban los caballeros: la dignidad militar se distinguía con la clámide (fig. 2). Ésta procede de la antigua capa militar mesopotámica y se afianzará como símbolo castrense en el Imperio Romano, cuando será rebautizada como paludamento.
Los griegos rara vez se tocaban salvo para evitar el sol (pétaso o sombrero con ala) y, salvo los militares, se calzaban poco y siempre en interiores a fin de no estropear las sandalias.
LA DESNUDEZ EN GRECIA    Lo sorprendente de las costumbres indumentarias griegas lo hallamos en la tolerancia de la desnudez integral masculina en ambientes "viriles" como la palestra y los baños. La única parte del cuerpo que despertaba cierto pudor era el glande, pero era fácil ocultarlo atando una cuerda alrededor del prepucio. 
Quizás pueda decirse que en Grecia, por una vez la historia, el desnudo ganó la partida al vestido. En efecto, la desnudez no solo es propia de los caballeros, de la flor y nata de los varones griegos, los únicos con tiempo que destinar al deporte, sino que se reserva para la figuración de héroes y dioses. De hecho, cuando un gobernante alcanzaba la gloria, caso de Alejandro y de los futuros emperadores romanos, era representado desnudo. Al asumir connotaciones de dignidad, la desnudez griega realmente "vestía" al hombre, porque vestido es lo que nos hace sentir vestidos.  
En efecto, el traje nacional de los griegos fue la desnudez. ¿Cómo se logró algo semejante? Lo desconocemos. Entre las razones que pueden aducirse, destacaré las siguientes: (1) la admiración por el cuerpo masculino, considerado más bellos que el femenino a decir de los filósofos más eminentes (Aristóteles entre ellos), (2) la etnofofia contra los persas, pueblo pudoroso y enemigo.
5. Cascos, desnudez y clámide distinguen a los griegos; los persas visten gorro frigio, caftán (fijaos en las mangas) túnica de manga larga y anaxyrides. Relieve con policromía reconstruida del llamado Sarcófago de Alejandro (Estambul, Arqueológico).

Las mujeres no gozaban de esta prerrogativa. El mito de Acteón, joven crudamente castigado por la diosa Diana, prohíbe el desnudo de la mujer ciudadana, invariablemente casta. De hecho, la obra de arte más subsersiva y escandalosa de la historia antigua de Grecia es una mujer desnuda. Si comparamos la Afrodita Knidia (obra de Praxiteles) con sus equivalentes masculinos (por ejemplo, el Doríforo de Policleto, o el Hermes del mismo Praxiteles), nos comunican actitudes diametralmente opuestas. Los varones se muestran cómodos: abren el pecho con extroversión; por el contrario, las líneas compositivas de la Afrodita, curvadas hacia el interior, sugieren el pudor de la diosa. Es decir, a ella su desnudez no la viste.

6. Peplo y palio o palla
Dama (Madrid, Prado).
LA IMAGEN DE ALEJANDRO     El griego más admirado cambió la imagen de los griegos. Antes de él, los griegos peinaban barba, pero como Alejandro se afeitó, todos los griegos y después los romanos, rechazarán la pilosidad facial. La moda de la cara tersa se extendió durante unos cuatro o cinco siglos, rechazada solamente por los filósofos, pues consideraban que la barba, al crecer naturalmente sobre el rostro masculino, ofrece una imagen más natural y humilde. 


2. el Imperio Romano    Los romanos, poseedores del primer imperio bien comunicado, legan para la Historia una cultura de síntesis que combina rasgos mediterráneos, nórdicos y orientales. No obstante, como el arte helenístico era el que gozaba de mayor prestigio entre nuestros antepasados latinos, también el vestir romano se relaciona mayormente con el griego que con el de sus vecinos bárbaros.
ROPA INTERIOR     El ajuar de los romanos pudientes ha crecido considerablemente comparado con el griego. La ropa interior, aunque muy sencilla (meras bandas de tejido que sujetan el pecho o protegen el sexo) y en ningún caso prendas antropomorfas, dio lugar a un número sorprendente de términos: mamillare y fascia pectoralis (literalmente, faja de pecho), subligaculum (calzoncillo), interula (túnica interior, predecesora de las camisa). Las túnicas son igualmente diversas, casi siempre más cortas para el hombre que para la mujer.
7. Pampanilla (subligaculum), modo de colocarla desde los tiempos más remotos. 
Tomado de: historia-moda.comocubriruncuerpo.org.

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CIUDADANOS     El manto más famoso de los romanos, y quizás de todos los tiempos, fue la toga, símbolo de la ciudadanía masculina (fig. 9). Inmenso y pesado chal, siempre de lana y blanco, daba trabajo al artesanado más próspero de las ciudades romanas: el gremio de los lavanderos de togas, que las blanqueaban con orines y otros productos repelentes. La toga era obligado vestirla con la ayuda de una mujer o un esclavo a causa de sus dimensiones y peso, y suele escribirse que las estatuas de los emperadores servían de modelo para ajustarla con propiedad. A partir del siglo III EC detectamos su declive en favor de una toga menos ampulosa (toga contabulata: fig. 18), pero sobre todo exonerada por el sencillo palio griego, de lejos más ligero y manejable (fig. 4). No hay nada especial que decir sobre las túnicas romanas masculinas, en principio idénticas a las griegas.
8. ¿Tirantes eran las institae?
Apariencia de tirantes en el vestido de esta figura
hallada en Isola Tiberina (Nápoles, Arqueológico).
Por su parte, las mujeres ciudadanas presumían de su envidiable condición con el vestido llamado estola, de morfología aún no esclarecida, posiblemente una túnica con tirantes, con cola o con ambas cosas; sabemos que la estola poseía institae, pero ¿a qué se refiere este término?, se preguntan los estudiosos del vestido (fig. 8). El manto femenino es el mismo palio que usaban las griegas; las romanas lo denominaban palla (fig. 6). En cuanto al peinado, este fue muy imaginativo en los siglos gloriosos del Imperio (fig. 10 y 11), aunque gozaba de mayor fama el moño sencillo.
9. Toga. Tiberio (Roma, Vaticanos).

10. Dama. Retrato mortuorio,
 siglo II EC (Los Ángeles, Getty).


11. Dama (Museo de Estambul).




















TRAJE RITUAL
Adultez     En Roma, mediante una dedicatoria, las jóvenes consagraban a la diosa Virgo (Fortuna Virginalis) sus ropas infantiles y eran investidas con la estola de la matrona. Una ceremonia similar para los muchachos consistía en vestir por vez primera la toga y la consagración de la primera barba. Esta celebración masculina, conocida ya en Grecia, se denominaba depositio barbae.
Matrimonio     La víspera de la celebración, la novia se acostaba con una redecilla y la túnica dicha recta, blanca y sencilla, sin ablusamientos. La tradición exigía que tanto la redecilla como la recta hubieran sido tejidas por la propia novia en el antiguo telar vertical. A la cintura, un simple cíngulo de vellón (como en nuestros antiguos trajes de comunión) atado con el nudo de Hércules promovía mágicamente la fertilidad, pues el imbatible héroe mitológico llegó a engendrar setenta vástagos. El color blanco estaba asociado en Roma a la pureza, la castidad y los dioses favorables, y simbolizaba la inmadurez sexual. Ya entonces la prenda nupcial más característica de la desposada era el velo; pero mientras las cristianas se ocultaban con un velo blanco, las novias paganas se celaban tras un velo amarillo anaranjado (flammeum).
12. Marco Aurelio en un sacrificio. Procedente 
del Arco de Marco Aurelio (Roma, Vaticanos).
Luto     En Grecia como en Roma lo decoroso en los trances luctuosos era vestir la túnica de algún color oscuro y sin cinturón. Los cabellos cortos significaban luto en la mujer. También existía una variedad de toga para los funerales, la pulla o sordidata, de color oscuro y que en algún momento de la historia  caracterizó también a los reos.

13. Vestal cubierta con suffibulum.
Sacrificios     No existen prendas específicas de uso religioso. En Roma los sacerdotes ejecutaban los sacrificios con la cabeza velada por un pliegue de la toga (fig. 12). Algunos auxiliares de los sacerdotes se tocaban con un alto gorro cónico; acaso no resulte aventurado atribuirle el origen de la mitra episcopal. Las vestales se cubrían con una toca blanca que permitía ocultar el cabello, de nombre suffibulum (fig. 13). 
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14. Tropas ligeras con femorales; infantería protegida con lorigas de segmentos: 
Columna de Trajano, siglo II EC (Roma).
INDUMENTARIA MILITAR      Los elementos protectores de los valientes romanos eran los siguientes: cascos para la cabeza, corazas o lorigas para el tórax, haldetas o lambrequines de cuero para las caderas, grebas para las pantorrillas y sandalias para los pies. Aquí no vamos a estudiar con detalle estos trajes, pero destacaremos al menos la diversidad de corazas: cota de mallas, coraza metálica antropomorfa (fig. 15), coraza de escamas, y la más romana de todas, invención abolutamente original, la coraza de segmentos (fig. 14). Ya dijimos que la capa clámide griega se bautiza al latín como paludamento. Por fin, destacaremos la relevancia de los militares destacados en las fronteras en la asunción de prendas de vestir con mangas y perneras, indumentos propios, según prejuicio grecolatino, de extranjeros dudosamente civilizados. 
15. La importancia simbólica del pecho 
masculino queda patente en la coraza de placas.
Octavio Augusto de Prima Porta (Vaticanos).

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INDUMENTARIA EN LAS PROVINCIAS EXTRANJERAS     Hemos de distinguir entre los extranjeros del norte y los extranjeros orientales. Por la rudeza de su cultura material y no en menor medida por su talante indómito, los primeros inspiraban repugnancia a los exquisitos grecolatinos. Los segundos, por el contrario, heredaban una cultura del adorno sumamente refinada.
16. Casullas, túnicas, largos pantalones y melenas caracterizan a los bárbaros del norte de Europa:
Columna de Trajano. Dibujo extraído de luntfort.wordpress.com.
Bárbaros o extranjeros del norte     Los grecolatinos asociaban al traje de los bárbaros el gusto por las pieles, que ellos nunca usaban salvo para calzado y efectos militares, y particularmente la utilización de pantalones, una prenda antropomorfa y contraria a la tradición mediterránea del traje abstracto respecto de la morfología corporal. Pero las ventajas de los pantalones resultaron tan obvias que pronto los valientes romanos los adoptaron. En distintas ocasiones se dictaron leyes suntuarias al objeto de limitar el uso de pieles, pantalones y unas botas blandas denominadas zanchae en las ciudades romanas; esta legislación la ha estudiado José Luis Murga y opina que el objeto de estas pragmáticas tardías fue simplemente el de contentar a los conservadores. En la figura 16 los guerreros nórdicos visten también una especie de poncho, la casulla.
Bárbaros o Extranjeros de oriente: anaxyrides. Primero Alejandro Magno y después los generales romanos anexionaron los distintos territorios de Siria y Mesopotamia constituyendo las provincias orientales. La cultura grecolatina se constata en ciudades tan lejanas como Palmira, Dura Europos y Hatra. No obstante, en ningún caso estas invasiones consiguieron aniquilar los fundamentos indumentarios de la civilización parta; los orientales continuaron demostrando su afición por el bordado y el color (fig. 5). Una dama de Palmira, por ejemplo, sabía combinar el cortinaje de la estola y la palla con pesados brazaletes y collares, y tocarse con las voluminosas coronas que más tarde legarían al estilo hiperdecorativo de la corte bizantina. Además del gusto por la decoración recargada, se mantuvieron vigentes los pantalones anchos orientales (anaxyrides), como puede verse en el famoso fresco de la sinagoga de Dura Europos, combinados con caftán, genuina tradición persa (fig. 17). 

17. Atuendos de tradición persa (caftán, túnicas de mangas) y romana (dalmáticas, palios).
 Sinagoga de Dura Europos, siglo III EC (Siria).


18. Casullas y toga contabulata
Díptico de Probiano, año 400, Berlín (Estatal).
INDUMENTARIA EN EL BAJO IMPERIO      En los siglos finales del Imperio el traje romano revela un estilo sincrético, mezcla de caracteres mediterráneos y bárbaros. Paulatinamente se han ido adoptando numerosas prendas extraídas de las provincias: los pantalones cortos para el fémur o femorales (femoralia), a los que se habían acostumbrado los jinetes del ejército, pero también los pantalones anchos y talares (braccae), la túnica de mangas largas (dalmática), el manto tipo poncho (casulla, de donde la esclesiástica). No se imitaron las melenas de los bárbaros del norte.
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IMAGEN DE JESÚS      Con estos elementos las autoridades de la Iglesia cristiana comenzaron a ilustrar la figura del profeta Jesús. Lo vistieron con dalmática y palio, como un sabio, y lo dotaron de un rostro joven y apolíneo, porque Apolo había sido el dios de la luz para los paganos, y se buscaba la comprensión del nuevo ídolo (fig. 19). Sin embargo, a finales del siglo V, se resolvió modificar la cabeza de Jesús: el llamado Cristo siriaco, conocido desde entonces por su barba y cabellos largos, nació como una aproximación iconográfica historicista: se pensó que habiendo sido Jesús un rabino sirio, debía de haber llevado barba y melena. Y a imitación suya se dotará de barba a la imagen de los santos y apostoles que se representarán en el futuro, así como a la de los reyes cristianos de la Edad Media y la Edad Moderna.  
19. Las primeras representaciones de Jesús lo caracterizan barbilampiño, muy joven y vestido como filósofo o maestro, túnica dalmática y palio: mosaico del ábside de San Vital de Rávena (Italia, siglo V).