Capítulo 07. Introducción a la Edad Media

CRONOLOGÍA     La Edad Media comprende casi mil años, desde 476, año que señala la disolución del Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma, hasta 1453, año de la disolución del Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, pero año también de la imprenta de Gutenberg. Como ves, esta vez es la política el elemento que acota el tiempo de una edad histórica.
Antemio de Tralles y Apolodoro de
Rodas diseñaronn un templo dorado,
Santa Sofía, en Constantinopla.
La Edad Media que solemos estudiar los occidentales se divide en tres tiempos (alta, media y baja) y tres culturas monoteístas (Cristiandad Occidental: Europa Occidental y Central, Cristiandad Oriental: Bizancio; y el Islam).

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   1.    Alta Edad Media (476-1.000).
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Las autoridades religiosas modifican la imagen de Cristo.
Ya no será un joven apolíneo, imberbe, sino un hombre
como el rabino que acaso fue, un hombre maduro con barba,
bigote y pelo morenos. Cuando se vista con palio y
dalmática, como el de la foto (mosaico
en el ábside Santa Pudenziana, Roma)
diremos de él que ha sido representado como doctor,
como sabio, con el manto de los maestros clásicos,
e influirá en el aspecto masculino de numerosos
varones de la Alta Edad Media.
1.1. Cristiandad Oriental o Bizancio. El Medievo antiguo fue el tiempo grande del Imperio Romano de Oriente, más conocido como Bizancio,  que rotaba en tormo a la ciudad fundada por el emperador Constantino, Constantinopla. Bizancio nos ha dejado vestigios de una cultura cortesana sumamente ostentosa: joyas, púrpura, bordados, mosaicos dorados. Para estudiar la indumentaria observamos principalmente los retratos cortesanos del Justiniano y la emperatriz Teodora, espectaculares mosaicos inscritos sobre las paredes del templo de San Vital en Rávena (Italia). Las prendas de vestir ya las conocemos, pues son las mismas que se vestían en los siglos finales de la gran Roma, una mezcla de indumentos drapeados (palios, clámides) y prendas de raigambre bárbara (pantalones, túnicas de manga larga, casullas).
Bizancio sufrió su decadencia en la segunda mitad de la Alta Edad Media, debilitada tanto por el empuje del Islam, que le arrebata sus dominios, como por una larguísima guerra interna en la que se enfrentan dinastías pero también motivaciones artístico-religiosas (“Querella Iconoclasta”).
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Cuádriga en oro con fondo de púrpura. Sudario de Carlomagno,
Museo de la Edad Media (París).
1.2. Cristiandad Occidental: Mientras Bizancio y su fastuosa ciudad en el Bósforo experimentan el esplendor urbano, Europa Occidental y Central se ruralizaban. La figura histórica más recordaba de este tiempo y lugar es Carlomagno. Se conservan restos de sus sudario teñido de púrpura y oro, una manufactura bizantina.
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1.3. Islam: Frente a la Cristiandad, entre los siglos VII y X, una nueva y pujante cultura religiosa se expande por los territorios del Creciente Fértil y las antiguas provincias africanas del Imperio Romano: el Islam. En contraste con la Europa rural, el Islam es un fenómeno esencialmente urbano: Damasco, Bagdad, Cairuán (Túnez) y Córdoba fueron sus bastiones en la Alta Edad Media. Recordamos sus mezquitas hipóstilas, el arte del entrelazo, capaz de decorar lo pequeño y lo grande, y su presencia en la Península Ibérica. No es posible conocer la indumentaria islámica de estos siglos porque el arte islámico es iconoclasta en extremo, no elabora figuraciones de los dioses y rara vez de los humanos.



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   2.   Plena Edad Media (1.000 a 1.200).
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La Giralda cuando existía el
Imperio Almohade, con sus entrelazos
geométricos, característicos
de todo el arte islámico. 
 2.1. Cristiandad Occidental:   El desarrollo de la cultura románica coincide con la recuperación política y económica de Occidente, ya que por un lado (el este) Bizancio ha dejado de ser poderosa, y por el otro (el sur), el Islam comienza a ser eficazmente controlado por los reinos cristianos peninsulares. En esta Europa que ha recuperado la confianza en su porvenir, se abren las rutas peregrinas y se emprenden suicidas e ingenuas campañas bélicas contra los “infieles”, las famosas cruzadas. El románico presenta una cultura extrañamente homogénea, casi tanto como la antigua cultura clásica homogeneizada por el Imperio Romano. No solo encontramos homogeneidad en los templos, monasterios y castillos, en todos ellos arcos de medio punto, motivos decorativos geométricos y figuración abstraizante, sino también en la indumentaria, caracterizada por el uso de túnicas largas en los dos sexos.
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 2.2. Cristiandad Oriental (Bizancio): La Bizancio plenomedieval ha dejado más momumentos en Grecia que en Anatolia, generalmente monasterios y templos humildes. No eran sin embargo humildes sus emperadores cuando se vestían: pesados mantos de perlas cuelgan ahora de sus hombros (loros) y las  coronas se han vuelto rígidas y pesadas. 
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 2.3. Islam: El Islam peninsular convierte a Sevilla en capital de un efímero imperio (el almohade), de donde su famosa torre, la Giralda, pero luego se reduce a un pequeño sultanato o principado en torno a Granada, preservado hasta el final de la Edad Media como centro productor y exportador de tejidos maravillosos. 
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Dalmática del obispo Rodrigo Ximénez de Rada, elaboración almohade, siglo XIII.
Santa María de la Huerta (Soria).


   3.   Baja Edad Media (1.200 a 1453). Polémico es el final de la Edad Media, pues son numerosos los acontecimientos dignos de darle terminación. En general, Europa prefiere la invención de la imprenta, la caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos y el final de la Guerra de los Cien Años. Pero en España trasladamos el final medieval hasta 1492, cuando Granada se incorpora a la corona de Castilla y Cristóbal Colón conecta definitivamente Afroeurasia y América.
 
Tracería flamígera. Catedral de Sevilla. Foto de señordelbiombo.blogspot.com.es
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 3.1. Cristiandad Occidental: La Baja Edad Media es el tiempo del Gótico, cultura artística que adorna los objetos con trazos apuntados y sinuosos, paulatinamente complejos. De hecho, suele distinguirse entre gótico clásico (1200-1350), caracterizado por altos templos orgullosos de su tecnología, y gótico flamígero (1200-1500), muy rico en ornamentación de tracería, próxima al encaje textil. Un nuevo estilo naturalista se reconoce en las artes figurativas: estilizado, de personajes en posturas coreográficas, virtuoso con el detalle. Ahora las ciudades presentan casas de fachada, estrechas fincas sobre las que se elevan casas de bonitas fachadas que traducen el gusto del lugar y el estilo del propietario. Además de monumentos religiosos, las imponentes catedrales, los ciudadanos se dignifican a si mismos con ayuntamientos, lonjas y hospitales de excelente aspecto. 
Fragmento de tejido nazarí conservado en el
Museo Lázaro Galdiano (Madrid).
La indumentaria, como adelantándose al Renacimiento, empieza a proclamar que existe un cuerpo debajo de las ropas, y un cuerpo narcisista, deseoso de mostrarse al mundo. Se trata de la más profunda revolución registrada en su particular historia: el surgimiento del traje de hechura anatómica. La homogeneidad desaparece del traje europeo: cada nación tendrá el suyo. Tres regiones destacan especialmente: Castilla y Aragón por la originalidad de su vestido, debida en gran medida a la proximidad del Islam; y Borgoña, por su sentido del lujo. 
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 3.2. Cristiandad Oriental (Bizancio): La caída de Constantinopla en 1453 señala el final de la Baja Edad Media, el fin de Bizancio, y el apogeo de un gigantesco poder islámico en Europa Oriental: el Gran Turco o Imperio Otomano. 
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 3.3. Islam: Al-Andalus se ha reducido a un principado (sultanato de Granada) de importantísima producción textil, legado además de unas construcciones palatinas sin parangón hasta entonces (palacios de La Alhambra). Pero en nuestra península es precisamente la reconquista de Granada el hito histórico que señala el final del Medievo. 
Azulejos de La Alhambra, siglo XIV.